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Área cementerial del templo

Una parte importante del sustento financiero del convento de Valbuena estaba basado en la explotación económica de la necrópolis que colmataba el espacio intramuros del templo. Ordenado según los espacios habilitados en las capillas laterales y en los tres tramos de la nave central, una parte importante de todos los logroñeses muertos entre los inicios del siglo XVI y los del siglo XIX encontraron aquí su descanso eterno, ordenados en función de los recursos destinados a la exhibición del rango y prestigio de familias y cofradías profesionales.

Algunos de estos espacios funerarios específicos han podido ser identificados. Este es el caso de las tumbas de mampostería abiertas frente al altar mayor, destinadas en exclusividad a los Luna, señores de Cornago y Jubera, patronos del convento de Valbuena. El área cementerial del crucero sur, presidido por el altar de la Virgen del Rosario, masivamente perforada por las fosas de los propios frailes dominicos y sus allegados. O el del crucero norte, mucho más exclusivo, ocupado por los cuerpos de los inquisidores y demás servidores del Santo Oficio, todos ellos miembros de la cofradía de San Pedro Mártir.

Por supuesto, la calidad de la vestimenta del difunto debía armonizar con el espacio habilitado para su descanso eterno entre iguales. Al contrario de lo que sucedía con el ritual funerario medieval, la cultura barroca impuso que el difunto fuera enterrado con la estética y el atuendo que portaba en vida. La excavación arqueológica de la necrópolis permitió recuperar un impresionante repertorio de ajuar funerario: anillos, collares, pendientes, apliques, botones, hebillas… también monedas olvidadas entre las ropas, rosarios e, incluso, las propias llaves de la casa del difunto.

El uso cementerial del templo no sobrevivió a la desamortización de 1833 aunque puede asegurarse que los usos funerarios permanecieron vigentes hasta el momento mismo de la exclaustración del convento dominico. Muy probablemente, uno de los últimos rituales celebrados se corresponde con un miembro de la Milicia Provincial de Logroño, enterrado aquí con su uniforme reglamentario.